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El proyecto de un estudiante de la UNSL clasifico entre los 3 mejores del mundial de biotecnología

Uriel Miralles es el creador Biospi, que desarrolla una vacuna para pollos con el objetivo de evitar la transmisión de enfermedades al consumirlos.

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El joven investigador de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), junto a su compañero de equipo, Jeremías Cornero, de la Universidad Tecnológica Nacional de Córdoba, llegaron a la etapa final del Grand Jamboree, una competencia anual que nuclea a los 15 mejores proyectos de biotecnología del mundo.

Entre los participantes del certamen estuvo Biospi, una innovación que consiste en una vacuna oral, de bajo costo y sostenible para tratar la campilobacteriosis, una diarrea crónica producida por una bacteria resistente a los antibióticos que tiene mayor efecto en los pollos de engorde.

“En el evento pudimos contactar con marcas líderes en la biología sintética como Ginkgo Bioworks o SynBioBeta que nos servirá para poder impulsarnos y tener colaboraciones de entidades ya establecidas que poseen maquinaria especializada”, le comentó Miralles a El Chorrillero.

Además, confesó que con esta investigación aspiran a ser una empresa dedicada a la biotecnología con un enfoque innovador en terapias biológicas sostenibles.

El Mundial de Biotecnología Grand Jamboree se llevó a cabo en París, Francia, entre el 2 al 5 de noviembre, con la participación de 2500 investigadores, aproximadamente 400 empresas inversoras y la prensa de todo el mundo.

El estudiante contó que durante los tres primeros días se desarrolló una feria de bioinnovación, donde los participantes tuvieron un stand para exponer acerca de su startup a la gente y a los inversores, provenientes de 66 países.

La competencia estaba dividida en tres categorías: “Biomanufactura y Software” (en la que participó Biospi), “Alimentación, Agricultura y Clima” y “Salud y Diagnóstico”.

Un jurado integrado por cinco personalidades de biología sintética se encargó de definir al ganador de cada categoría, es decir a los tres finalistas que participaron en la ceremonia final.

El proyecto Uriel Miralles y Jeremías Cornero venció en su categoría, por lo que pasó a competir por el máximo galardón en el último día.

El científico comentó que las otras empresas finalistas provenían de universidades estadounidenses. En ese sentido confesó que “fue un orgullo estar a la par de instituciones tan prestigiosas del mundo”.

Posteriormente los jueces determinaron a la mejor startup, entre las 15 finalistas, la cual se llevó un premio de 10 mil dólares. Biospi finalizó la competencia en el top 3.

Si bien no se llevó el mayor galardón, Miralles subrayó que tienen mucho trabajo por delante y que se van a unir con otros colegas de Latinoamérica para potenciar el ecosistema de biología sintética en la región.

“El objetivo es seguir generando redes y buscando financiamiento. Empezaremos con las pruebas de concepto en el laboratorio una vez que podamos conseguir el capital necesario que buscamos. Estamos muy contentos de todo lo conseguido”, cerró.

Fuente: ECH

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